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Mujer tenía que ser: Sabrina González, la Einstein de 23 años

Sabrina González Pasterski. Quédate con este nombre, porque esta joven de 23 años ya es considerada la nueva Einstein.

Con tan sólo 9 años fabricó un avión y con 14 hizo que volara, y está considerada una de las mentes más brillantes del MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts) después de graduarse con la nota más alta de la historia.

En su día a día, Sabrina se dedica a estudiar cuestiones físicas como los agujeros negros, la relación espacio-tiempo y la naturaleza de la gravedad. Y si decimos que es lo más cercano a Albert Einstein o Stephen Hawking en nuestra época es porque sus investigaciones son semejantes a las de estos genios y podrían cambiar drásticamente la comprensión actual del universo.

A esta joven no le hacen falta las redes sociales y ni siquiera LinkedIn para que le lluevan las ofertas de trabajo: su inteligencia es el arma más potente que tiene. Nunca ha tenido novio ni ha probado el alcohol o el tabaco y ha pasado gran parte de su infancia en el garaje de su padre arreglando motocicletas y construyendo maquetas de aviones.

Ahora, su meta es construir una nave que pueda llevar a alguien a Marte y trabaja en ello de forma paralela al doctorado que estudia en la Universidad de Harvard. Y nosotras esperamos que algún día lo consiga 😉

 

 

 

 

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Subimos un 24% los precios de nuestros bolsos a los hombres

Hace poco leímos en el informe del Foro Económico Mundial que las mujeres cobraban un 24% menos de media por hacer el mismo trabajo que un hombre, o a veces más. Y no nos parece justo.

Así que pensamos: si ellos cobran más por lo mismo, ¿por qué no pagan más por lo mismo? 

Por eso, ahora y por un tiempo ilimitado, nuestros bolsos valen un 24% más para los hombres.

 

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Una millenial feminista que limpia casas, con las cosas muy claras

Galicia Méndez es una orgullosa empleada del hogar a tiempo completo y, harta de escuchar comentarios compasivos, ha decidido dignificar esta profesión.

En su familia, todas las mujeres han trabajado limpiando casas y aunque en esta sociedad no se considere un trabajo con estatus, esta joven de Murcia tiene más estabilidad laboral y un mejor horario que la mayoría de los millenials españoles.

Por ello, con la ayuda de un abogado está trabajando en una guía de los derechos de las trabajadoras en este sector con el objetivo de conseguir la profesionalización y sobre todo el respeto de este trabajo.

Cuando Galicia tuvo que dedicarse esporádicamente a limpiar casas, lo vio como un fracaso. Antes sus ojos, como para la mayoría de la sociedad, su madre y su abuela no habían luchado lo suficiente y se habían conformado con limpiar, y no quería caer en lo mismo.

Pero con el tiempo se dio cuenta de que esto no era así, que este trabajo permitió a las mujeres de su familia vivir de forma autónoma y compatibilizar su vida laboral con la familiar o de ocio. Y ella le ha permitido estudiar una carrera y tener una estabilidad económica y laboral en un mundo en el que la gente de su edad se pega por un puesto de trabajo en el que ni siquiera les pagan.

Por supuesto, Galicia respeta las decisiones de todo el mundo. Si el trabajo que te hace feliz pasa por ser becario un tiempo, de acuerdo, pero eso no es más que pasar por limpiar casas o querer dedicarse a ello.

Además, desde hace un año es posible cursar el Título profesional básico en actividades domésticas y limpieza de edificios, un plan de estudios dedicado exclusivamente a este fin. Algo positivo, pero que esta joven considera insuficiente, ya que para ella la ejecución de las tareas del hogar es algo que todos deberíamos aprender. Tanto para nuestra propia independencia como para una convivencia equitativa.

Limpiar la casa es un trabajo principalmente femenino, o por lo menos lo asumimos como tal. Y no debería ser así. Una mujer no está más cualificada que un hombre para limpiar una casa sólo por haber nacido mujer. Igual que un hombre no está más preparado que una mujer para ser barrendero o peón caminero porque haya nacido hombre.

Son trabajos que requieren unos conocimientos y una preparación específica, además de una exigencia física y psicológica altísima que normalmente no se reconoce. Pero sobre todo, son trabajos igual de dignos y respetables que cualquier otro.